Mi Lunar Está Cambiando: ¿Cuándo Preocuparme?
De los cinco criterios ABCDE para detectar melanoma, la E de Evolución es el más importante de todos. Un lunar que está cambiando merece atención sin importar cómo salga en los otros cuatro. Pero no todo cambio es malo — aquí te enseñamos a separar lo normal de lo que sí preocupa.
Cambios normales en los lunares
Los lunares pueden cambiar a lo largo de tu vida de formas que no son peligrosas. En la pubertad y el embarazo, los cambios hormonales hacen que varios lunares se oscurezcan tantito — si le pasa a muchos al mismo tiempo, es normal. Con los años, los lunares tienden a aclararse, suavizarse o elevarse un poco. Algunos se desvanecen completamente después de los 50.
Lo clave: los cambios benignos suelen ser graduales (meses a años), uniformes (el lunar cambia parejo) y muchas veces afectan a varios lunares al mismo tiempo.
Cambios que sí son señal de alarma
Estos ameritan que vayas al dermatólogo: cambio rápido (en semanas, no en años); que crezca de un solo lado (asimétrico); que aparezcan colores nuevos — negro, azul, rojo o blanco que antes no estaban; que el borde se ponga irregular o borroso; que crezca más allá de 6mm; que se eleve una parte en un lunar que era plano; que la superficie se ulcere, haga costra o sangre.
Un lunar que llevaba años igualito y de repente empieza a cambiar es la forma más común en que se presenta el melanoma.
¿Qué significan los cambios de color?
Cambios de color que no preocupan: que se aclare con la edad; que se oscurezca un poco en el embarazo (cuando les pasa a varios); que se oscurezca parejo después de tomar sol.
Cambios de color que sí preocupan: que tenga varios colores al mismo tiempo; que el color se distribuya chueco; que aparezca una zona negra nueva dentro de un lunar café; que pierda color en un área; que se forme un halo de piel clara alrededor.
Cómo documentar los cambios
La forma más confiable de detectar cambios es la fotografía mensual. Tómale foto a tus lunares siempre a la misma distancia, ángulo e iluminación. Pon una regla o moneda al lado para tener siempre la misma referencia de tamaño.
Guarda las fotos en un álbum organizado por fecha. Cuando compares, fíjate en: el contorno (¿se movió el borde?), el color (¿tonos nuevos?), la superficie (¿bultos o textura diferente?) y el tamaño (compara contra la regla).
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